Una pausa en la rutina diaria para profundizar en la conexión entre el amor y la sexualidad, con un enfoque cálido y consciente. El taller ofrece un «patio de recreo» viviente: abrir el corazón, despertar el deseo, practicar la meditación, la sensualidad y el éxtasis. Las veladas incluyen rituales tántricos, masajes y un juego mágico Marte-Venus. La semana se centra en los encuentros conscientes, el tacto atento, los momentos de mimos, los intercambios reales, la libertad y también en ideas para nutrir los descansos (las largas pausas para comer típicas de Argayall). Mucha danza y alegría apuntalan un colectivo de profundidad, sanación, ímpetu erótico y dulzura tranquilizadora, accesible con o sin experiencia en Tantra.
